Es un establecimiento modelo y autosuficiente, con tecnología de última generación. Propiedad de Juan Carlos López Mena, el dueño de Buquebús, este emprendimiento de productos lácteos es ejemplo para Uruguay y también para el mundo.

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Juan Manuel López, Director del establecimiento

Buscar la excelencia y ser autosuficiente. Esos parecen ser los objetivos de El Talar, el complejo agroindustrial propiedad de Juan Carlos López Mena, el conocido empresario dueño también de Buquebus. Sin embargo, este tambo modelo comenzó siendo un emprendimiento de menor envergadura. La idea original era una planta láctea para quesos y derivados de la leche. Algo, si se quiere, modesto. Pero pronto la inversión cobró alas. Y López Mena diseñó un Master Plan y a apenas 12 minutos de Solanas, por la ruta 12 creó El complejo lechero más moderno y completo de Uruguay.Es que el empresario se dio cuenta de que para hacer productos lácteos de primera calidad debía contar con materia prima tope de línea. De ahí a la compra de ganado lechero hubo un solo paso.

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  Cada vaca tiene un control de primer mundo y comodidades de hotel   de cinco estrellas, en el Talar

Si históricamente a Uruguay lo llamaron la Suiza de Sudamérica, entrar en El Talar es ingresar sin duda en ese país europeo. En el complejo, a cargo de Juan Manuel López, cada vaca tiene un control de primer mundo y comodidades de hotel cinco estrellas. Cada lechera tiene su propia “casa” con ventilador, cama –colchones de goma-, comederos individuales, parrillas de cobre para repeler la estática de las tormentas y una especie de “rascador” donde el animal se frota. Por otro lado, todas las vacas están marcadas y monitoreadas. A través del chip en el tambo saben cuántos litros de leche da por día y cuál es su dieta.

Pero El Talar no se limita a la excelencia en el cuidado de su ganado. La apuesta fue más allá y se procuró ser una empresa autosuficiente. Esto es: el complejo cumple el ciclo completo. Y este concepto, esta búsqueda, también fortaleció los excelentes resultados del tambo.

El ciclo comienza con el plantado de soja para alimentar el ganado con el expeler, de gran valor protéico y graso que contiene Omega 3. Con el aceite de la soja, a su vez, se produce biodiesel, para el combustible de las maquinarias y tractores. En pocos meses más tienen previsto una planta procesadora de glicerol para hacer glicerina, sales, agua destilada y recuperar el metanol para volver a utilizarlo sin que nada se desperdicie. Para junio también construirán más silos de almacenamiento de forraje para alimentar a los animales. Cada uno de los ocho silos nuevos podrá contener unas 2.500 toneladas de forraje, como el existente. Tampoco se desperdicia el excremento de las vacas, con el que se produce biogas para la energía eléctrica del establecimiento. Así el excremento pierde el Ph y queda listo para convertirse en un abono natural de gran calidad. Este abono se coloca en la tierra donde se volverá a plantar la soja. De este modo, el ciclo de autosuficiencia del emprendimiento es completo. Incluso han construído una planta potabilizadora de agua, para mejorar la calidad del producto final. Hay una consigna básica en El Talar, con animales más sanos, mejor alimentados y sin stress ni cansancio innecesario, se consigue un producto de mayor calidad.

Actualmente, El Talar tiene 2.000 hectáreas y una población actual de 600 vacas con una proyección de 2.000.

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Tambo automatizado rotativo. Para ordeñe de 25 vacas simultaneamente.

El ordeñe está automatizado, las vacas viven en establos cada uno de unos 3.500 metros cuadrado, bajo techo. Según el estado de cada animal, varía la dieta que se le aplica. De este modo se consigue una mejor calidad de leche. Pero eso no es todo: este trabajo minucioso y el cuidado del ganado, produce otro efecto no menor: en un tambo tradicional se sacan unos 22 litros de leche por día por cada animal. En El Talar se llega a los 32 litros y ha habido días extraordinarios con ordeñes de 50 litros diarios, esto tiene que ver con el cuidado de los animales. En el establecimiento trabajan 60 personas, aunque calculan que en un futuro lo harán unas 120. El mayor control está focalizado en la planta láctea, donde la higiene no se discute. A través de un sistema de presurización han logrado que el aire salga sin que ingresen bacterias. El sistema está controlado por un software que, ni bien detecta alguna irregularidad, cierra las cañerías por donde pasa la leche. Las vacas tienen dos ordeñes por día y las más lecheras, tres. Al llegar al ordeñe el sensor en la sala de espera detecta qué animal es y registra sus condiciones para evaluar la dieta.

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Ternero en sus primeros días de vida.

Otro espacio con gran desarrollo El Talar es la maternidad: las vacas se inseminan allí mismo y se van seleccionando los genes de las vacas más lecheras. A los terneros les dan una dieta a base de calostro para inmunizarlos. Cada uno según sus necesidades. El sistema computarizado del tambo se llama De Laval y fue traído de Suecia. A través de estos cuidados, con esta tecnología de última generación, el producto final es de altísimo nivel. Ese fue el Master Plan pensado por López Mena: conseguir lo mejor en productos lácteos sin depender de ningún proveedor externo. El Talar lo ha conseguido. Y sus excelentes productos no sólo demuestran calidad sino también la importancia de un plan bien programado y llevado adelante con paciencia y sabiduría.