Historia y naturaleza

Faros del Este

 

Los tres tienen más de cien años. Los tres alumbran, como si se tratara de un luminoso triángulo, la vida de una ciudad que los admira. Los guardianes de la tierra siguen vigilando el mar.

Están allí como guardianes de la tierra, de los hombres; vigilantes atentos a los cambios de humor que presenta el océano. Son tres los faros que quiebran la monotonía del paisaje costero del departamento de Maldonado. José Ignacio, la Isla de Lobos y Punta del Este dan testimonio del crecimiento y desarrollo de la región.

Faro de José Ignacio
Inaugurado en 1877, alumbra el futuro: es la luz del centro turístico más atractivo de la península, donde las espléndidas residencias y la agreste naturaleza le dan un valor agregado a una de las zonas más exclusivas del Este uruguayo. Basta con subir sus 122 escalones para entender el valor –económico y geográfico– de este paisaje único.


Faro de Lobos
El actual faro de Isla de Lobos fue emplazado en 1907. Por su alcance, es uno de los primeros del mundo. Este faro suma su destello guía a la navegación que se aproxima al estuario del Plata. En la solitaria isla ha convivido con una de las reservas loberas más grandes del mundo. Sin atender al paso del tiempo –la primera construcción data de 1858– mantiene vigente su rol de vigía de las aguas donde se confunden el Océano Atlántico y el Río de la Plata.


Faro de Punta del Este
El Faro de Punta del Este fue construido por Tomás Libarona, quien utilizó una mezcla con ceniza de origen volcánico traída de Italia para endurecer la torre. Con más de cien años, continúa en servicio. Construido en 1860, en el punto más austral del Uruguay, Punta Salinas, desde el primer día fue símbolo y referencia de la península. Con su altura focal de 44 metros fue también, durante muchos años, la edificación más alta de la ciudad. Allá por 1907, en el álbum de firmas del faro, alguien escribió: “Esperamos que la luz del Faro de Punta del Este alumbre en breves años la primera ciudad balnearia de la América del Sud”. El faro, en silencio, escuchó el pedido y lo hizo realidad.