Historia y naturaleza

Fin de la controversia por el águila del Graf Spee – La justicia ordenó su inmediata venta

Un fallo judicial ordenó al Ministerio de Defensa y a la Prefectura Nacional a vender las piezas del buque alemán Graf Spee rescatadas en 2006 por los empresarios Alfredo y Felipe Etchegaray. De esta manera, los rescatistas cobrarían el 50 por ciento que les corresponde. Después de más de un década de batalla judicial parece que el conflicto deberá resolverse en los próximos 90 días. Los posibles destinos del águila.

El buque alemán Admiral Graf Spee recaló en el puerto de Montevideo, Uruguay en diciembre de 1939.

El 10 de febrero de 2006, los empresarios uruguayos Alfredo y Felipe Etchegaray y el buzo Héctor Bado rescataron de las aguas del Río de la Plata varias piezas del acorazado de bolsillo (pocket batlleship) alemán Admiral von Graf Spee, protagonista de la única batalla de la Segunda Guerra Mundial librada en América del Sur. Entre estas piezas se encontraban el telémetro del buque y el águila que adornaba la popa de la embarcación de guerra. Luego del rescate, los hermanos Etchegaray exhibieron el águila durante un mes en un hotel de Montevideo y habían empezado a escuchar ofertas de venta cuando el gobierno uruguayo prohibió tanto su exhibición como su venta e incautó las piezas que fueron guardadas en un galpón del Fusan (Fusileros Navales).

En 2006 Alfredo y Felipe Etchegaray y el buzo Héctor Bado rescataron de las aguas del Río de la Plata varias piezas del buque alemán, entre ellas el águila del Graf Spee.

A partir de ese momento comenzó una nueva batalla, esta vez jurídica, por las piezas del Graf Spee. Por ley, el Estado Uruguayo es propietario del 50 por ciento de todas las piezas rescatadas mientras que el otro 50 por ciento corresponde a los rescatistas. Pero durante más de 10 años, Uruguay no aceleró la venta de estas piezas -incluso se habló de presiones del gobierno alemán para que no se vendieran- y eso generó la disputa judicial con los hermanos Etchegaray y con Bado.

El empresario Alfredo Etchegaray

Pero parece que la controversia ha llegado a su fin. En un fallo de los últimos días, la justicia condenó al Ministerio de Defensa Nacional y a la Prefectura Nacional Naval a «disponer y realizar la venta onerosa del Águila y del Telémetro del Graf Spee dentro de un plazo de 90 días (contados desde que quede ejecutoriada la sentencia) y a compartir el 50% de lo producido con los permisarios».

A la venta

El águila del Graf Spee es una pieza imponente de bronce de 2,8 metros de largo por 2 de alto y 350 kilos de peso que sostiene entre sus garras una esvástica y adornaba la popa del barco. Desde su rescate, hubo ofertas varias tanto de museos como de particulares que fueron desde los 10 hasta los 50 millones de dólares.

El águila del Graf Spee, una enorme escultura en bronce, que estaba colocada en la popa del Graf Spee.

Según Carlos Rodríguez, abogado de los empresarios Alfredo y Felipe Etchegaray, dueños de los permisos para rescatar los restos del buque alemán, «el Estado puede hacer lo que quiere con las piezas. Pero tiene una obligación contractual de vender los objetos rescatados para indemnizar y pagar de esa manera a los rescatistas el precio convenido, que fue el 50% de lo que se obtenga».

Según la emisora esteña FM Gente, el dictamen también obliga al Estado a abonar intereses legales sobre el 50% del producido que les toque, retroactivos a la fecha de la demanda, así como devolverles el depósito de garantía a los hermanos Etchegaray. «Con esta resolución, se termina con una injusta situación que duró más de trece años», expresó a través de un comunicado de prensa Alfredo Etchegaray.

Desde su hallazgo y rescate, el águila generó un profundo debate acerca de qué hacer con ella. En su momento, algunos legisladores nacionalistas uruguayos propusieron su venta. Mientras que Alemania había reclamado su derecho a decidir el destino de la pieza, manifestando que la «prestaba por tiempo indeterminado» a Uruguay, con la condición de que no saliera del país, ni fuera exhibida.

Esto fue rechazado por Bado, quien recordó que el Graf Spee había sido vendido como chatarra a Uruguay en 1940, poco después de su hundimiento. Asimismo, la ley 14.343 señala que los buques que se hundieron en aguas uruguayas y no fueron reclamados por la bandera a la que pertenecen, son del estado uruguayo.
El acorazado alemán había llegado al puerto de Montevideo en diciembre de 1939, seriamente averiado luego de la recordada Batalla del Río de la Plata, donde se enfrentó a tres navíos de guerra: los cruceros británicos Exeter y Ajax y el neozelandés Achilles. La Batalla del Río de la Plata fue uno de los primeros enfrentamientos navales de la Segunda Guerra Mundial y el único que se produjo en América del Sur.

Al cabo de varios días de gestiones y efervescencia diplomática, el capitán de la embarcación decidió hundirla porque no quería que cayera en manos de los británicos.

El destino del águila

«Sólo una subasta pública puede decir cuánto vale. No importa cuánto vale. El tema es que hace 40 años que estoy invirtiendo tiempo y mucho dinero en estos temas (búsqueda de naufragios) y queremos cobrar por el trabajo», indicó Etechegaray.

El buque alemán en llamas en el estuario del Río de la Plata, 18 de diciembre de 1939.

En marzo de 2010, de visita en Montevideo, el entonces ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, señaló que su gobierno quería «evitar que los restos de los símbolos del régimen nazi lleguen al comercio». Y un vocero de la embajada alemana en Montevideo acaba de señalar en los últimos días que «el gobierno alemán mantiene esa posición».

Ahora, con el fallo judicial, Etchegaray insistió con que «el Estado tiene obligación por ley de lograr el mejor precio posible», en un llamado a ofertas o «una subasta internacional, bien comunicada y con libre circulación». Para el relacionista público, «se necesitan dos museos con recursos económicos interesantes para que la pieza se pague los 60 millones de euros que dice la prensa internacional que vale».

Aunque no sea un requisito que el comprador sea un museo, se debe conocer en forma pública su destino. «La cultura es un gran negocio, la recaudación de los museos es multimilllonaria y reciben donaciones de empresas que pueden descontar impuestos. Por lo tanto, para un museo se paga solo, porque recauda millones de dólares si es en París, Londres o Nueva York», afirmó Etchegaray.

Más allá de lo que consideran los rescatistas, el Estado tiene otras alternativas si no desea llevarla a subasta pública. El mismo Etchegaray recordó que el fallecido ex Ministro de Defensa Jorge Menéndez aseguró que Alemania había ofrecido fondos para presionar al Ministerio con el objetivo de que se incumpliera el contrato y el águila no se exhibiera ni se vendiera. Es decir, el gobierno alemán podría darle fondos para que el Estado negocie y el águila quedase en Uruguay.

«También podría comprar la parte privada o pedirle a los permisarios que otorguen copias idénticas del águila para los museos uruguayos y que la original vaya para subasta internacional», dijo.

Según la prensa internacional, el águila podría venderse a unos 60 millones de euros.

Vistas todas las opciones, Etchegaray asegura que lo mejor es no seguir confrontando. «Me gusta la armonía y el equilibrio. La mejor batalla es la que se evita», dijo. Para él, «la combinación perfecta es que Alemania, que tiene el dinero, pague tanto la mitad del Estado Uruguayo como la nuestra». Para el relacionista público, «Alemania prefiere que el águila se quede en Uruguay y que no se exhiba. Le molesta la idea de verla en algún Museo del Holocausto de Israel o de Estados Unidos».

Sobre su exhibición, Etchegaray afirmó que el único obstáculo lo pone Alemania. Y agregó que, cuando encontraron el águila hablaron con el Comité Israelita, quienes por escrito le aseguraron que no tenían problema alguno en que se exhibiera. «Ya hay un águila nazi igual en el Imperial War Museum de Londres, en la sección dedicada al Holocausto. Además, los que más se interesaron por exhibir el águila son los museos del Holocausto», concluyó.