Historia y naturaleza

Los años locos de las Grutas

 

Proyecto de la piscina y de la boite
Proyecto de la piscina y de la boite
 
Corrían los años 60 y el mundo vivía una ebullición hasta entonces pocas veces vista. Todo estaba cambiando y todo debía ser cambiado. En Punta del Este, la vanguardia también observaba con detenimiento la ciudad, sus formas, sus playas, sus bosques y las elevaciones rocosas donde golpeaba una y otra vez el mar. Por eso, no parece extraño que el arquitecto vanguardista haya detenido su mirada en las grutas de Punta Ballena e imaginado algo que entonces no existía en ningún lugar del mundo: piscinas en las rocas de la playa, algo que luego tomarían prestado los Club Mediterranée del Mar Mediterráneo.

 

 

 

Arquitecto Samuel Flores Flores
Arquitecto Samuel Flores Flores
En 1968, Flores se decide a comenzar este proyecto. Su diseño partía de la loca idea de perforar la roca viva, excavando 1.600 metros cúbicos. Con Alfredo Rivas, un dinamitero de caminos, hicieron en tres meses una obra que, de algún modo, fue efímera pero que permanece en la memoria de los esteños.
 
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Una obra ambiciosa que debió luchar contra los infortunios: un mes antes de ser inaugurada, una tormenta se llevó todo el camino que había sido construido con sólo un camión y un compresor.

 

Las Grutas en los sesenta, con las piscinas funcionando
Las Grutas en los sesenta, con las piscinas funcionando
Las Grutas en la actualidad
Las Grutas en la actualidad

 
Así y todo, las piscinas de las grutas se abrieron el 24 de diciembre del 68 con la presencia del presidente uruguayo Pacheco Areco y algunos embajadores. Entre los funcionarios extranjeros, estaban los franceses que enseguida quisieron replicar la obra en sus costas. Por eso invitaron a Flores a Francia, donde estudió con el discípulo de Le Corbusier, Candilis.
 

Interior de la boite de las Grutas
Interior de la boite de las Grutas
Las piscinas en las grutas de Punta Ballena sólo duraron cuatro años y fueron durante esos años un gran éxito turístico. En 1972 fueron demolidas. Después, los intentos fueron sólo fracasos: se instaló una boite, una reserva de animales heridos, discotecas.

 
 
Nada funcionó. Finalmente terminó como depósito de chatarra y basura hasta que se ordenó limpiar el área, volviéndola a su estado natural original. Hoy las grutas donde estaba la Boite, están resguardadas por rejas por temor a posibles derrumbes. En la roca queda el testimonio de las piscinas secundarias, esculpidas en la piedra. Hoy la zona está en manos de los herederos de Antonio Lussich. Quizás el futuro les depare grandeza a las sesentistas excavaciones de Flores. Tal vez aquel ambicioso proyecto aún no esté concluido.

 
 
 
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