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Tusam – El límite de lo extremo

Comenzó a trabajar desde muy chico junto a su padre, el primer Tusam. Luego, heredó el nombre artístico para recorrer América y Europa con sus shows donde se mezcla el hipnotismo, la fascinación de animales y las pruebas extremas. Al borde de la muerte cuatro veces, el peligro no lo inhibe. Por el contrario, es su principal combustible a la hora de elegir el siguiente desafío.

Heredó de su padre el nombre artístico y el oficio. Leonardo del Pozo Calandra es, ya desde hace 20 años, Tusam. Según cuenta, a los 16 años desarrolló la habilidad de la hipnosis y, desde entonces, fue primero compañero de su padre y más tarde frontman de sus propios espectáculos. Leonardo asegura que hoy es «hipnotizador y master en control mental extremo». Y para demostrar lo extremo de sus actos ahí están sus actos, si se quiere, temerarios.

Su marca récord de 18 minutos dentro de un recipiente bajo mil kilos de tierra y en la que , en teoría, sólo tenía aire para 3 minutos. La caja de acrílico hermética, con oxígeno para 4 minutos, en la que estuvo encerrado durante una hora. Y el Desafío del Hielo, realizado el 30 de julio de 2009 -como homenaje al cumplirse 10 años de la muerte de su padre-, en el que estuvo 24 horas a una temperatura de 10 grados bajo cero dentro de una cápsula de hielo,, instalada frente al Obelisco de Buenos Aires.

Padre e hijo… Un legado que sigue vivo.

A sus pruebas extremas le suma sus shows en teatros, sus apariciones en programas de televisión -Showmatch y Patinando por un sueño, en Argentina y Apuesto por ti, en Chile-, sus trabajos como couch para personas que quieren dejar de fumar o adelgazar. Su también couching de control mental para lograr la armonía física y espiritual, y su trabajo con animales, a los que «fascina», durmiéndolos.

En medio de esa cargada agenda, desde hace cuatro años, llega a la península esteña donde realiza durante el verano los ciclos Punta del Este te hipnotiza y Punta del Este medita.

– ¿Qué es exactamente la hipnosis?

– Hipnotizar es como una radio que emite ondas. No sólo es la palabra sino también el pensamiento. Cuando a una persona le digo que tiene frío o calor, primero lo trato de sentir yo para trasmitir esa sensación. Eso, en resumidas cuentas. Pero en verdad es algo bastante más complejo. No se trata para nada de algo mecánico. La hipnosis se siente con el cuerpo y con la mente. Primero, siento la sugestión y luego la trasmito con la mente, con la voz, con los efectos de sonido que incluya en el espectáculo. Es una sumatoria de cosas y de estados físicos y mentales.

– Y, más allá de los shows, ¿se puede usar para otra cosa?

– Sí, por supuesto. Para dejar de fumar, para adelgazar, como herramienta de control mental, que yo llamo armonización. Esto no tiene nada de esotérico. Se trata de reprogramar la mente para armonizar la vida. Hoy las personas se cargan con programaciones negativas. Eso se debe a esta sociedad que construimos entre todos que tiene como característica la velocidad. Y a tanta velocidad, la gente empieza a perder contacto consigo misma y se llena de programaciones negativas. Lo que hago es trabajar sobre eso para armonizarlas. También trabajo sobre el síndrome de la inmediatez, donde intento destrabar la ansiedad de quienes buscan que las cosas ocurran de manera inmediata. Pero todo esto se resume en acercarles herramientas para que puedan lidiar con sus costados negativos.

-No es magia

-No, claro que no. En el caso de las personas que quieren adelgazar o dejar de fumar, no entran gordas y fumadoras por una puerta y salen delgadas y sin nicotina por la otra. No se trata de eso. Yo los hipnotizo, potencio sus ganas, pero después es una técnica que cada uno debe ejecutar y en la que yo participo a través de un seguimiento on line. La hipnosis sólo se trabaja en la sesión en la que están conmigo, después es la perseverancia y el trabajo de cada uno, con el soporte vía on line por un mes.

Hacer posible lo imposible

Tusam asegura que la hipnosis, la capacidad para hipnotizar, está latente en cada ser humano. «Por eso yo doy cursos donde ofrezco herramientas, no enseño a hipnotizar porque esa capacidad es innata», confirma. Sus cursos son variados: on line, presenciales, en teatros, en eventos privados. «Pueden ir de 5 personas a 1.000 personas, según el lugar, las circunstancias», dice.

El intendente de Maldonado, Ing. Enrique Antía, bajo hipnosis.

– ¿Y tu trabajo con los animales?

– A los animales no se los puede hipnotizar porque no tienen conciencia. Lo que se hace para dormirlos se llama fascinación, se los fascina. En Florida, Estados Unidos, hay un hombre que fascina tiburones desde un barco, los duerme. Después lo que hace es ponerles un rastreador para estudiar sus costumbres. Incluso, a partir de esto, en el sur de Florida hay una aplicación para celulares que indica en qué zona y playas hay tiburones, para que no te metas ahí en el mar. Yo fasciné yacarés y cocodrilos. Y en los shows lo hago con canarios, con gallos.

– ¿La capacidad de fascinar también es innata como la de hipnotizar?

– Exacto. Pero, en el caso de los animales, hay que tener en cuenta que, cuanto más inteligente la especie, más difícil es de fascinar. También es importante saber que el animal no está dormido, está fascinado. En pocas palabras, la fascinación intenta paralizar el centro locomotor del animal. Los seres humanos también se fascinan pero en mucha menor medida. Hay situaciones extremas donde la gente queda fascinada: frente a un precipicio, en la guerra los soldados novatos, cuando los sobrevuela un avión o un helicóptero.

– Ahora que mencionás las situaciones extremas, ¿qué es ser máster en control mental extremo?

-Para empezar, lo de máster tiene que ver con los cómics. Yo soy fan de los cómics y de ahí traje ese máster. Digamos, gran maestro. Y lo extremo tiene que ver a las circunstancias a las que me expongo, situaciones en las que mantener el control de la mente, incluso optimizarlo, es muy difícil. Casos como el Desafío del hielo, resistiendo el frío, o cuando me enterré vivo debajo de mil kilos de tierra, o cuando me pusieron un bloque de cemento en el pecho y con un taladro lo rompieron. Para esos casos se precisa un completo control de la mente ya sea para bajar las pulsaciones, para respirar la menor cantidad de aire necesaria o para no sentir dolor.

– ¿Cómo quedás al otro día de una de esas pruebas?

– Para el Desafío del Hielo estuve 4 meses preparándome y 7 meses para recuperarme por completo. Lo que quiero dejar en claro es que yo no hago estas pruebas para lastimarme. Lo que sí me interesa es buscar los límites y así demostrar que todos tenemos más fuerza de la que creemos. Trato de transmitir ese mensaje. Todos somos capaces de hacer posibles cosas que creíamos imposibles. Esa idea es para mí un lema a seguir. Pero no se trata de repetirlo como un mantra. Se trata de tener un alto grado de concentración, tener muy visibilizados los puntos débiles y los puntos fuertes que se poseen. Hay que apoyarse en sus puntos fuertes y trabajar sobre los débiles, así se aprende hasta donde se puede ir, dónde se encuentra el límite en el que se puede trabajar.

– Pero, en estos casos, el límite es siempre peligroso.

– Es cierto. En cierto momento, se trata de meter los dedos en el enchufe, así de simple. Yo estuve cuatro veces a punto de morir. Una de ellas, en un programa de televisión. La frase «puede fallar» salió de esa noche. Estábamos en el programa Finalísima de Argentina con mi padre y la prueba era de apnea, contener la respiración bajo el agua. Lo hacíamos en formato show porque era en la tele. Hay que tener en cuenta que el formato show no supone una trampa, un engaño, sino una escenografía. Me metí en un tanque tipo el de Houdini. La diferencia con Houdini era que él salía del tanque mientras que yo quería mantenerme dentro todo

el tiempo posible. Falló y casi me muero. Cortaron la transmisión, el tanque lo abrieron a hachazos y a mí me llevaron al Hospital Fernández. Cuando me recuperé, pensé: Esto lo vuelvo a hacer. Y seis meses más tarde, batí el récord de permanencia bajo el agua, 6 minutos y 19 segundos.

– ¿No tuviste miedo?

– No, me dio ganas de probarme. En otra ocasión tuve la sensación de muerte en una prueba de frío. No en la que hice en el Obelisco. En esa oportunidad, ingresé en la cámara de hielo, cerré los ojos para concentrarme y cuando los abrí estaba rodeado de gente. Me había desmayado y me tuvieron que sacar de inmediato. Otra fue caá,, en Punta del Este, cuando era muy chico. Yo hacía espectáculos privados, para cumpleaños de chicos que tenían mi edad, unos 12, 13 años. Es una gran anécdota. Estábamos haciendo el show y tenía que manipular el equipo eléctrico. Ese día mi asistente de siempre había faltado y me estaba asistiendo alguien a quien conocía poco. Para colmo, el equipo de electricidad era viejo y había que tenerle cuidado. Entonces, tomo un caño -yo era la masa a tierra- y me dio un shock, quedé electrocutándome frente al público. Con los dientes apretados, tuve tiempo de girar y decirle al asistente que cortara la electricidad. Cuando desenchufó, ,me toqué los brazos, miré al público y pregunté: ¿quién quiere participar? Más de 20 minutos me costó convencer a alguien para que subiera al escenario.

Con la agenda a tope y haciendo equilibrio en esa fina línea de lo extremo, Tu Sam sigue con nuevas actividades y cada año suma alguna nueva búsqueda. Y cuenta la nueva frontera que busca superar: «El año pasado hicimos junto con la el director de la carrera de ingeniería de la UCF (Universidad Central de Florida) la primera meditación en realidad virtual. La gente entraba a Tusam.com y elegía un avatar y yo los esperaba con mi avatar en un entorno virtual que habíamos armado. Este año vamos a volver a hacerlo pero escaneando las ondas cerebrales tanto mías como de los que reciben la meditación. Estoy muy entusiasmado con esto. Y, si el trabajo sale bien, vamos a presentarlo a fin de año en Las Vegas. Siempre me alegra esta suerte de viaje hacia lo desconocido»