Arte

Museo Colección Gómez – El sueño de vivir

Jorge Gómez y su Zonda F azul cobalto, uno de los 25 que fabricó el diseñador argentino Horacio Pagani.

El empresario argentino Jorge Gómez ha logrado unir sus grandes pasiones: los autos de súper lujo, el arte y la amistad. Su museo de Nordelta es una muestra clara de estas tres facetas de su vida. Una historia que mezcla velocidades máximas, el amor por Uruguay y la peculiar mirada de un hombre que ha visto buena parte de sus sueños cumplidos.

El Museo Colección Gómez de Nordelta es el espacio donde el empresario argentino guarda sus pasiones. A la izquierda, posando junto a la escultura de Pablo Atchugarry, que ganó de mano a Rockefeller.

Jorge Gómez tiene como consigna una frase que cumple al pie de la letra: “Hay que soñar despierto”. Y esa frase, esa consigna, lo ha llevado -y lo sigue llevando- a través de un viaje único, de una vida donde el disfrute se mezcla con la pasión y el constante asombro.

Atchugarry reinterpretó la escultura griega “La Victoria Alada de Samotracia” y montó sobre el capot del Zonda F unas alas doradas que vuelven al auto deportivo una figura épica, propia de la mitología moderna, una suerte de Pegaso con cuatro ruedas.

Porque la historia del empresario argentino está habitada por el asombro: proveniente de un hogar humilde, fue creciendo a fuerza de sacrificio, buenas ideas, mucho trabajo y el anhelo de los sueños por cumplir. Siempre con el apoyo incondicional de su esposa, Gabriela Lago, pilar fundamental en cada uno de sus proyectos y con el amor de sus cuatro hijos y de sus dos nietos.

El museo de dos plantas alberga una preciada colección de capots intervenidos por cientos de artistas internacionales.

Con ellos y también junto a su amigo Enrique Núñez, gran propulsor de sus sueños, escribió y sigue escribiendo esta historia. Y la historia que sigue escribiendo y soñando Jorge Gómez lo unió, casi desde el inicio, profundamente a Uruguay. “Punta del Este es mi lugar en el mundo”, suele afirmar y tiene sobrados motivos para hacerlo.

En busca de uno de sus sueños, en 2005, le compró al diseñador de autos deportivos de súper lujo, Horacio Pagani -un argentino radicado en Italia que trabajó para Lamborghini hasta que fundó su propia empresa automotriz, Pagani Automobili-, el famoso Zonda C12. Gómez soñó con ser el dueño del primer Pagani Zonda que llegara a Latinoamérica y lo consiguió. Mucho tuvo que ver en la compra su amigo Nuñez, quien lo alentó y ayudó económicamente para que la hiciera.

De hecho, ese primer Zonda lo compró en cuotas. “Cuando fui a buscarlo a Europa, Pagani me contó que al principio mi propuesta de pagárselo en cuotas le había parecido una chantada. Pero que cuando le llegó la primera de mis cuotas, se sintió culpable por haberme juzgado mal. Y mandó a que desarmaran por completo el auto, pusieran a punto todas sus piezas y lo volvieran a armar. `Era lo mínimo que podía hacer´, me dijo camino al aeropuerto.

Ahí, en el pago de ese primer Zonda y también de otros autos, mi amigo Enrique fue muy importante, alentándome a comprarlos y prestándome dinero para hacerlo”, recuerda.

“Nunca me había interesado por el arte. Hasta esa visita a Casapueblo, donde conocí al maestro Páez Vilaró. Carlos despertó mi pasión por el arte. Por eso, le estoy muy agradecido a él y a su esposa, Annette”, dice Jorge Gómez.

Con ese primer Zonda visitó Casapueblo, “la obra habitable” de Carlos Páez Vilaró. El prestigioso pintor uruguayo quedó maravillado con el auto y le pidió al empresario salir a dar una vuelta. En esa vuelta en auto, en esa charla privada de dos hombres montados en un auto de primerísima clase capaz de lograr velocidades increíbles, otros sueños de Gómez despertaron.

Y el empresario se decidió a vivirlos. “Nunca me había interesado por el arte. Hasta esa visita a Casapueblo, hasta que conocí al maestro Páez Vilaró. Cuando volvimos a Casapueblo, Páez Vilaró estaba fascinado. Y yo también. Entonces, le encargué un cuadro que reflejara lo que habíamos vivido. Carlos despertó mi pasión por el arte. Por eso, le estoy muy agradecido a él y a su esposa, Annette”, cuenta.

Ese cuadro, ese encuentro con el pintor uruguayo, ese auto, fueron las piedras fundamentales de una amistad y del nuevo rumbo que tomó la vida de Gómez. Porque a partir de ese 2005, a la pasión que el empresario sentía por los autos de lujo se le sumó una nueva pasión, el coleccionismo de obras de arte. De esta unión de pasiones, nació el Museo Colección Gómez de Nordelta.

Charo Gómez, Mariano Gómez, Oky Costa, Solana Lorenzo, Gaby Lago, Jorge Gómez, Valentina Gómez, Ernesto Núñez, Akos Núñez, Victoria Gómez, Federico Gómez, León Gómez, Cielo Fernández.

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